viernes, 4 de febrero de 2011

EPITAFIO HEBREO

¡Hola caminantes! Como ya comente en la anterior publicación sobre El Castellón, hoy voy a hablaros sobre alguno de los hallazgos encontrados en ese lugar y un poco de historia, con ello me gustaría rendir homenaje al erudito sacerdote de nuestro pueblo, Don Victorio Gutiérrez Arias, al que los vecinos de Monzón conocimos, y escritor de la Monografía Histórica de Monzón de Campos de donde he encontrado la información.

En 1890 en una heredad cercana al cerro donde se levantaba el antiguo castillo, se encontró una lapida sepulcral del siglo XI, que servia de cubierta a un sarcófago pequeño, dentro del cual aparecieron los restos de un niño de corta edad.

Las lapidas son de piedra arenisca y blanda, midiendo la mayor, o mejor conservada, 0,82 m. de alto por 0,25 de ancho, y la menor 0,25 por 0,20. El subsuelo es de pudinga o conglomerado silíceo, y retiene aun ahora el sarcófago con los huesecitos del tierno infante, habiendo pasado las lápidas al Museo arqueológico de la provincia, (hoy en dia se encuentran en deposito en el Museo Sefardí de Toledo). La menor está rota por la mitad, y quizá se malbarató por algún accidente desde que fue labrada; explicándose así la necesidad de juntársele otra sana y entera.

Dicha lapida tiene una inscripción hebrea que dice así:

Lápidas encontradas en Los Castellones
"Este es el sepulcro de rab Samuel, hijo de rabí Shalthiel el príncipe sobre el cual se cayó la casa y murió del desastre al tercer día (descanse en el Edén!), á 16 días del mes de Elul del año 4857 (descanse en el Edén!) de la Creación del mundo (descanse en el Edén!)"

Esta inscripción ha ofrecido algunas dificultades en su interpretación correspondiente al concepto de tercer día que expresa la inscripción y no resulta muy claro, si la frase aludida se refiere a que la muerte del niño ocurrió a los tres días del derrumbamiento, a los tres días de nacido (esta versión está en desacuerdo con el tamaño de los huesos) o a los tres días del desescombramiento de la casa.

La importancia de la familia a que el niño Samuel pertenecía, hace suponer que habitase en el castillo y no en el pueblo, por consiguiente, el derrumbamiento que produjo la muerte ocurriese en el recinto murado, cuyas faldas bañaba el Carrión. Esta hipótesis parece que concuerda con la época en que pudo el rio socavar el cerro y arruinar en sucesivos corrimientos de tierra la fortaleza.

En la próxima publicación otros objetos arqueológicos encontrados en el mismo lugar.
Un saludo, Naty

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